Observatorio de Medios Santa Fe

jueves, agosto 17, 2006

Características, actores y etapas

Las experiencias en este tipo de tareas demuestran que un observatorio de medios requiere un grado de institucionalización tal que le permita registrar, clasificar, analizar, sistematizar y luego comunicar los resultados de la observación.
La lupa puesta en los medios gráficos, radiales, televisivos y ahora informáticos requiere una adecuación a los códigos específicos de cada medio que otorga la teoría desde el ámbito académico y el aporte de los profesionales imbuidos en la práctica concreta del oficio.
Por esto un observatorio reúne, por lo general, tres tipos de miembros, que disponen de idénticos derechos:

1. Periodistas profesionales u ocasionales, en actividad o jubilados, de todos los medios de comunicación, centrales o alternativos.
2. Docentes, estudiantes e investigadores de todas las disciplinas, y particularmente especialistas en medios de comunicación.
3. Usuarios de los medios de comunicación, ciudadanos comunes y personalidades reconocidas por su estatura moral, reunidos en organizaciones o individualmente.

Todo trabajo encarado desde un observatorio busca la sistematización de conocimientos, investigaciones y prácticas anteriores o por generarse. En este sentido una serie de etapas posible para la concreción de un Observatorio Local de Medios es la siguiente:

1. Generar la necesidad de crear el Observatorio de Medios Local entre docentes y estudiantes.
2. Incorporar un espacio de formación mínima de algunos elementos teóricos elementales que guiarán la práctica de quienes lo integren.
3. Recopilación y archivo de datos.
4. Selección y jerarquización de los mismos.
5. Análisis crítico y conclusiones.
6. Presentación de lo realizado ante la sociedad.

Cada observatorio ha adquirido en la práctica las características heredadas de aquellos instituciones que le dieron origen. Las ideas y los conceptos fundadores son definitorios de las distintas experiencias, aunque la práctica, los contextos y los tipos de vínculos que existan entres sus actores y de ellos con la comunidad, determinan y condicionan las producciones de los distintos observatorios en el mundo.

A propósito de un observatorio de medios.

El siguiente trabajo apunta (desde la perspectiva del mensaje radiofónico) solo a generar algunos ítems de debate y reflexión ante el intento de que nuestra institución educativa, junto a otras ONG, instituciones hermanas y gremiales, de afrontar un Observatorio Local de Medios.

Un observatorio de medios

Desde lo concreto, un observatorio de medios es una “mirada” hacia lo que dicen, muestran y escriben los medios de comunicación social, en un contexto determinado y en un espacio delimitado. Sabedores de que la construcción de los mensajes mediáticos –entre otros- generan modos de pensamiento y de acción, “ver” lo que nos dicen los medios nos acerca, como sociedad, a las formas de pensamiento y hasta de acción de nuestro contexto.
Mas allá de lo lineal que parece este concepto, es obvio que –desde esta perspectiva- la producción del mensaje periodístico estará en directa relación con la propiedad del mismo. Así, en primera instancia, un observatorio de medios deberá conocer la propiedad del medio a analizar.
Esta dinámica suele ser tarea más sencillas en las pequeñas localidades donde la propiedad de los medios de comunicación son todavía conocidas, más se complica a medida que la globalización y las privatizaciones oligopólicas, transformaron a diarios, televisoras y radios en grandes grupos económicos imposibles de individualizar
Aún así, esta sola visión sería incompleta.
Un observatorio de medios por lo tanto deberá además analizar el contenido de sus mensajes desde una mirada científica y académica que no limite su accionar solo a la mera descripción –y muchas veces solitaria y hasta incompleta denuncia panfletaria- sobre la propiedad de la empresa periodística. Por el contrario –y aquí se centrará este trabajo- debe tomar la producción periodística desde la práctica discursiva que se manifieste y, sobre todo, desde las dimensiones (enunciativas, estructurales y referenciales) que este discurso plasme.

La radio
El artículo se va a centrar en algunos enfoques que un observatorio puede llegar a tener en un medio: la radio
Analizar el discurso que por ella se emite nos acerca a nuestro objetivo ¿Qué nos dicen aquellos que hablan por radio?
Otra mirada necesaria para quienes quieran concretar un enfoque interdisciplinario de lo que se dice en la radio puede apuntar a conocer que fuentes usan los emisores.
Una incompleta e irrespetuosa mirada por las fuentes de la mayoría de los programas de radio de nuestro medio nos ubicará en que los programas radiales suelen ir detrás de otros medios. Muchos de los programas de radio que se difunden hoy levantan su información de portales electrónicos o de diarios.
La radio no es un mero difusor de palabras sin sentido acompañado de música sin criterios de selección. No es la radio el medio donde alguien con buena voz lea el diario o prostituya el mensaje. La radio no es el “hijo guacho” del periodismo o de la comunicación, por el contrario, es el medio por excelencia para informar, educar y entretener con sus particularidades.

Será entonces importante investigar a que fuentes recurre el emisor para comunicar la realidad. Cuantificar y cualificar las fuentes marcará no solo una clara intencionalidad política discursiva, sino también profesional de quien emite.
Las fuentes utilizadas –y las no utilizadas- pueden indicar la cosmovisión y la prioridad de realidades que se comunican. Puede ser importante cuantificar que grado de importancia se da a los problemas del lugar, de la región, con respecto a otras más alejadas que no necesariamente hacen al interés coyuntural.
Una primera aproximación a este discurso se concretará percibiendo de qué maneras las personas que están frente a un micrófono construyen - no solo con palabras sino también con sonidos- la realidad o su modo de percibirla y como la ofrecen a sus receptores, o mejor dicho -como sabiamente plantea Prieto Castillo- a sus perceptores.
Pero el trabajo debería apuntar a concepciones más amplias, y, en esta limitación de la mirada hacia lo que se dice se deben romper ciertos prejuicios.
El de reducir –como ya lo hemos dicho- el análisis solo a una cuestión de propiedad del medio es uno de ellos, pero no el único.
Romper con las miradas propias de una conciencia ingenua o mágica (tal como lo plantea el comunicador y sacerdote salesiano Victorino Zecchetto) es otra.
En este caso no reducir solo a “que” se dice sino también a “como” se plantea el discurso amplía y enriquece los enfoques.
Bien sabido es que quien se encuentra frente a un micrófono tiene el desafío de comunicar a otros: ¿Cómo lo hace?, ¿qué palabras elige?, ¿con qué música las acompaña? Son las preguntas que en un primer momento aparecen. Cuestionamientos que deben hacerse en un contexto amplio, abarcativo desde el tópico comunicativo “Cada vez que nos comunicamos queremos decir algo, hacer que otros piensen o sientan algo” (1).
La comunicación se convierte así en un hecho humano amplio y no, como muchos erróneamente la plantean -desde una concepción instrumentalista o mecanicista- un mero proceso de transmisión de mensajes.
Abarcarlo desde esta última posición –lineal- solo implicaria analizar los significados implícitos y explícitos (denotados y connotados), para comprender las intenciones de los emisores y los efectos que estos mensajes produzcan o no, en los perceptores.
En toda comunicación – aún mas en la radio por sus características - se ponen en juego otras dimensiones, tales como los afectos, los gustos, las preferencias, las costumbres, las creencias, etc. De esta manera las imágenes acústicas son mucho más que eso, se transforman en sentidos, en modos de relacionarse, entendiendo al sentido como “un efecto global, un resultado del funcionamiento de todos los elementos que intervienen en un hecho comunicativo” (2).
De esta perspectiva e idea de “sentido” se entiende la preponderancia que posee la elección de lo que se dice para difundir y de lo que se descarta, como fenómeno de organización del mundo discursivo, aunque un mensaje conlleva un conjunto de posibles sentidos:“...un discurso, producido por un emisor determinado en una situación determinada, no produce jamás un efecto y uno solo. Un discurso genera al ser producido en un contexto social dado, lo que podemos llamar campo de efectos posibles. Del análisis de las propiedades de un discurso no podemos nunca deducir cual es el efecto que será en definitiva actualizado en recepción. Lo que ocurrirá, probablemente, es que entre los posibles que forman parte de ese campo, un efecto se producirá en unos receptores y otros en otros, De lo que aquí se trata es de una propiedad fundamental del funcionamiento discursivo, que podemos formular como el principio de la indeterminación relativa del sentido: el sentido no opera según una causalidad lineal” (3).
Como se ve, en todo momento lo que se intenta es romper las miradas mecanicistas, lineales y pragmáticas que limitan, y confunden los análisis discursivos

El discurso
Anteriormente explicitamos que “todo comunica”. Desde este lugar se puede decir también que discurso es “todo lo que se dice”. El discurso será, entonces, un espacio donde sujetos circunstanciales –emisores y perceptores- se relacionan de múltiples maneras buscando aceptación, negación, adhesión, coincidencias o discrepancias donde la competencia de los perceptores será condimento fundamental para que la comunicación se concrete, pero también donde las estrategias comunicacionales pensadas y llevadas a cabo por las emisores favorecerán, ayudarán, concretarán o no este proceso comunicativo.
La radio posee lo que conocemos como “discurso radiofónico”. Así, la radio (el canal en el esquema comunicativo) no es un simple y mero puente de enlace, sino que lo entendemos como un código especial único e irrepetible.
Definido el discurso como componente de la comunicación, es importante también encausarlo en un “aquí” y un “ahora”, lo que se conoce como la temporalidad del discurso, otro de los fenómenos a tener en cuenta y que indicará la relación que el emisor le dé a sus enunciados en el devenir histórico. La temporalidad nos permite analizar la dimensión referencial que se le otorga, o sea, la historicidad que se propone.
Los discursos donde no se reconozca referencia temporal (propios de los mensajes moralistas o pseudo religiosos), discursos que condenan, enjuician, separan, que no apelan a los problemas o circunstancias concretas son, lamentablemente, utilizados por estos días. Son los discursos conocidos como intemporales donde los hechos no pueden ubicarse en un contexto determinado, simplemente porque no se enuncia el contexto.
Analizar y concretar discursos con contextualizaciones históricas, geográficas o sociales (tal como lo plantea Ricardo Haye en sus obras y manuales sobre el saber radiofónico informativo) permite presentar el conflicto en todas sus dimensiones. Por el contrario, descontextualizarlo no solo no permite conocer el conflicto en si mismo, sino que muchas veces ayuda a confundir radicalmente la realidad.
Manuel Martín Salerno en su obra “Teoría Social de la Comunicación” afirma que en los medios masivos de comunicación predomina una visión presentista del acontecer. Esta práctica, siempre según el autor, dificulta la percepción y comprensión de los procesos y diluye el sentido histórico que puede permitir explicar los hechos relacionados no solo con el contexto, sino con sus antecedentes y enlazarlos con sus consecuencias.
Analizar desde una práctica de observatorio de medios la historicidad del discurso nos permitirá saber hasta donde el emisor pretende generar un espacio de conocimiento fiel de los hechos referidos, o por el contrario, cuanto de desinformación posee esa pseudo información. Porque saber quién habla, para quién y para qué será una tarea fundamental en aquellos que desde una mirada interdisciplinaria quieran “observar al medio”.
Mata y Scarafía, en la obra ya mencionada, apelan a diferentes dimensiones desde donde analizar , en la radio, el discurso radiofónico denominando a esas dimensiones como referencial, enunciativa y estructural. O sea, analizar lo que se dice, quienes dicen a quienes y, por último, como se organiza todo esto que se dice en una política de programación mediática.
Imposible es abarcar en este artículo las tres dimensiones que las autoras plantean, sin embargo nos detenemos en una de ellas por su importancia para un trabajo de observatorio.

La dimensión referencial
La semiología distingue entre significado y significante a lo que se percibe por los sentidos y al aspecto conceptual que se da a lo percibido. Equiparar el significado con el referente es un error en el que se suele caer desde la simplificación de la mirada, ya que se obvia lo que se denomina proceso de mediación. Sostener que todos los mensajes son espejos de la realidad, no solo simplifica los enunciados, sino que desconoce la dimensión referencial: el género que se usa para la emisión del discurso y la mediación que siempre se concreta. Sin mediación no hay comunicación.
Planteadas así las cosas, el plano referencial son los hechos que se comunican, lo que se dice que sucedió, para que el plano cognitivo pueda comprender y representarse mentalmente (significante) esos hechos.
Para que este proceso se complete eficazmente, el plano del discurso (el relato de los hechos según una previa representación) mediará entre lo referencial y lo cognitivo. O sea, quien comunica se convierte en el mediador, en quién construye su versión que propone a la masa oyente. Pero si no se analiza la dimensión referencial del discurso correctamente no nos permite acceder a lo real, sino a la realidad, entendiendo a esta última como la visión de alguien (con o sin intereses), intérprete de lo que sucedió.
Por lo dicho podemos concluir afirmando la realidad discursiva estará compuesta por sujetos y hechos. Sujetos que según la particular –y muchas veces interesada mirada - aparecen o desaparecen según la conveniencia de quien emita. En el conflicto docente del mes de septiembre de este año, para encausar lo planteado en un hecho concreto, la realidad discursiva de muchos emisores radiofónicos se posaban solo en las voces oficiales (Ministerio de Educación, Gobierno) o en la voz institucional (Amsafe, Sadop), pero pocas veces en el trabajador de la educación, en el jubilado docente, engranajes fundamentales para entender el reclamo de aquellos días.
Un observatorio deberá tener en cuenta esta dialéctica que se plantea habitualmente en los medios –fundamentalmente en la radio, donde los agentes y protagonistas de los sucesos se confunden o, directamente, se omiten.
¿Falta de producción, de enlace? ¿qué sucede? ¿ingenuidad, desconocimiento o estrategia política?
En estos días suele escucharse frases globalizantes y carentes de sentido. En el ejemplo que nos ocupa del conflicto docente, se repitió hasta el hartazgo “la escuela pública está en crisis”, “alguien tiene que ocuparse de los chicos” “el reclamo es justo, pero los docentes deben volver a la escuela”. En otros casos, las voces también repiten falsos axiomas: “no hay moral”, “se perdieron los valores”, “esto antes no sucedía”.
Desprestigiar los sujetos sociales en generalidades suele provocar un efecto perverso. Cuando a la entidad se la considera sujeto, en realidad no se culpabiliza a nadie ni se busca responsables. ¿Quién remató la escuela pública?, ¿quién la puso en crisis y por qué?, o ¿qué se entiende por valores y por moral y quien los estipula a esos valores para decir que se perdieron?, en ese caso ¿dónde fueron?
Volvemos a las preguntas: ¿Falta de producción, de enlace? ¿qué sucede? ¿ingenuidad, desconocimiento o estrategia política?
Como bien lo relatan Mata y Scadarafía en la obra que ya se ha mencionado: “el análisis de los actores constituye una puerta de entrada a la idea que el emisor tiene acerca del orden social” y como ya se sabe, muchas veces ese orden social es construido por los emisores y multiplicado por los perceptores.
Algo similar suele suceder con los conflictos de corte de calles por parte de desocupados. La producción radiofónica se limita a darle la voz a sectores tales como los automovilistas que no pueden circular o a algún dirigente oficial, opositor, que explique el conflicto, pero pocas veces suele “darse micrófono” a los protagonistas del suceso, a los denominados piqueteros, a los que decidieron cortar la calle y, cuando esto sucede, suele aparecer como una disputa entre el periodista o comunicador y el desocupado en una maniquea forma, no de ver la realidad, sino de construirla.
El periodista Alberto Borda hace muy poco escribió para el diario digital de la Agencia Nacional de Comunicación de la Utpba, un interesante artículo sobre las maneras que medios de comunicación tiene de comunicar los conflictos. En ese trabajo, Borda se pregunta “¿Qué les sucede a nuestros periodistas de los grandes medios que en un corte de ruta le preguntan a los automovilistas qué opinan de los piqueteros y no acerca de las razones de la pobreza?”
El mismo Borda, en su artículo hace una interesante mirada de lo que se dice con intereses concretos al afirmar “las personas de condición humilde en su vestimenta, tez morena, tienen barba, pelo largo o usan aritos son convertidas por los medios en sospechosas de algo, llegando a la conclusión pública de que la delincuencia es sólo de los sectores más desprotegidos de la sociedad, y este concepto termina siendo asumido por muchos “periodistas” que afirman que son causas del delito la pobreza, la deficiente educación, el desempleo, etc.”
El rol que juegan los grandes medios de comunicación, expertos en dividir la noticia, fragmentarla, fraccionarla hasta anular los puentes lógicos, donde los hechos no están vinculados con la historia anterior, es muy claro. Lo muestran todo confuso, todo mezclado. La situación angustiante que viven millones de personas en Latinoamérica y en el mundo se ve influenciada por la dictadura de los medios de comunicación masivos que imponen que la sociedad debe tener un orden y que no se lo puede alterar.”
El extractado de este artículo demuestra lo enunciado con respecto al plano referencial. Queda claro que la realidad discursiva está compuesta por sujetos y hechos, o sea, por lo que se dice y lo que se obvia, lo que se habla y lo que se calla, por las ideas a partir de las cuales se representan esos hechos, por los valores y los modelos que se proponen desde una posición de poder del que habla, proponiendo así una cierta representación de lo real que no necesariamente se relaciona con lo que sucede.
Desde esta mirada focalizadora y moralista, el discurso suele caer en la perspectiva de sanciones, entendiendo a las sanciones como castigos o recompensas que se otorgan como consecuencia de actos que son mirados desde afuera del mismo conflicto.
Detenerse en esta perspectiva permitirá reconstruir un universo ético de un enunciado, comprobar qué sanciones se imponen y en qué casos, y permitirá describir la dinámica propuesta en el discurso, comprender a quiénes se castiga, a quiénes se premia, a quién se lo legitima, por qué y desde dónde.
Poder “pararse”, desde un observatorio de medios desde este lugar de análisis del discurso nos puede permitir conocer la versión de la realidad que el emisor propone a la audiencia y el grado de aceptación que esta tiene en los perceptores y, sobre todo, ver como algunos axiomas –verdaderos o falsos- comienzan a formar parte del inconsciente colectivo de la audiencia, en muchas ocasiones en contra de sus propios intereses.

Ricardo Serruya.
Periodista y Docente.




(1) Mata, María Cristina y Scarafía Silvia ,“Lo que dicen las radios: una propuesta para analizar el discurso radiofónico”, Ed. Aler. Quito, 1993.
(2) Idem.
(3) Veron y Sigal, Perón o muerte. Los fundamentos discursivos del fenómeno peronista. Ed. Legasa. Bs. As, 1968.

El Observatorio como estrategia para la comunicación propia

El Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) fue la primera experiencia de este tipo en funcionar en Argentina. Se suma a una serie de iniciativas similares que ya existen en América Latina y en el mundo, pero tiene sus propias particularidades.
Lidia Fagale es responsable del organismo y es secretaria adjunta de la entidad gremial que nuclea a los periodistas de la ciudad de Buenos Aires, el sindicato de prensa más grande del país. “En la batalla de ideas, las ideas que no se conocen no luchan”, define para explicar cómo entienden esta iniciativa.

¿Por qué fundaron un Observatorio de Medios?

El observatorio es parte del conjunto de herramientas y proyectos que lleva a delante la Utpba. Tiene que ver con la caracterización que hacemos del escenario mediático, cómo ha quedado cristalizado a la luz de la concentración económica de los medios y del papel que juega la comunicación en un sentido estratégico en un mundo en el que es propaganda de una minoría. Y de cómo en el plano de la cultura se juegan las principales batallas para posicionar hegemónicamente un modelo que sociedad. Buscamos revalorizar la capacidad que tenemos los propios trabajadores de prensa no sólo ser usina de datos sino también de producir teoría. Porque desde esa teoría podíamos refundar nueva prácticas de construcción jugando categorías que para nosotros son inexorables a la hora de pensar este universo de actuación política (porque lo es) como “poder”, “acumulación”, “construcción”, “transformación”.

¿Cuáles fueron los pasos que dieron para su construcción?

Fue en el marco de actividades que venimos desarrollando hace años. Ya en el año 90, por citar un ejemplo de los últimos 15 años, veníamos realizando campañas masivas sobre el derecho social a la información. En ese momento del apogeo del menemismo, en la época de la convertibilidad, del voto cuota, costaba advertir lo que se estaba jugando en el país. Se siguieron haciendo campañas vinculando siempre la comunicación como un espacio de debate cultural y político, que también ponía a jugar la idea de que no hay democracia informativa sin democracia económica y que comprometía críticamente la mirada que teníamos en torno a la distribución de la riqueza en este país y el mundo.
Luego hicimos jugar todas estas ideas en lo que fue el I Congreso de Periodismo y Comunicación del año 1998, al que asistieron más 45.000 personas, rigurosamente censurado por todos los medios y donde nosotros consolidamos la iniciativa de construir nuestra propia comunicación, reforzamos esta idea y empezamos a manejar algo que no es apenas una consigna: “en la batalla de ideas las ideas que no se conocen no luchan”.

¿Cómo se vincula la estrategia de "comunicación propia" con el Observatorio de Medios?

Teníamos la necesidad de contar con una herramienta más. Aparte de contar con nuestra agencia de comunicación y nuestro centro de capacitación –porque la capacitación juega un papel estratégico en esto. Para poder comprender la realidad, tener una mirada crítica, pero también poder construir desde la positivo, desde nuestras propias convicciones. No solamente quedarnos en la denuncia. Así nace el observatorio, acompañando iniciativas históricas.

¿Qué caracteriza o diferencia la observatorio de la Utpba de otras experiencias?

Es un observatorio que nace con una matriz distinta al conjunto de proyectos que también cobran forma de observatorio en Latinoamérica y en el resto del mundo y que nosotros desconocíamos. Después tuvimos encuentros de observatorios con otros que tienen lugar en Ecuador, en Brasil, en Europa y nos dimos cuenta que efectivamente nosotros habíamos nacido signados por una mirada que tiene que ver con nuestra propia historia, no tenemos financiación de los organismos trasnacionales. Somos de los que creemos que desde un observatorio no sólo hay que observar la realidad, sino actuar y transformarla. Tenemos un compromiso de transformación y modificación. Buscamos consolidar toda iniciativa de comunicación que exprese una mirada desde el campo de los trabajadores y de la mayoría de la sociedad. Lo nuestro no es hablar por ejemplo –como hablan muchos observatorios- del ciudadano como si fuera una concepción abstracta. Como si no estuviera incidida por las limitaciones que tiene a la hora de ejercer esta condición de ciudadano en el plano económico, en el plano de sus derechos civiles, etc. Creemos también que es una construcción histórica, ideológica. No se puede hablar de la ética como un abstracto, como si fuéramos aristotélico-tomistas. Rechazamos la teoría de las dos campanas, y ponemos una mirada crítica a esta cuestión tan mentada de la objetividad periodística.

¿Cómo se sostiene su trabajo?

En realidad con un grupo de militantes. No hay un equipo que reciba un salario especial por trabajar en el observatorio ni mucho menos. Es muchísimo esfuerzo militante, con una particularidad, que ponemos nuestro background de conocimientos al servicio de un proyecto. No queremos ser un centro de investigación que lo financie la Fundación Ford, para hacer una investigación que no le sirva a nadie o que sirva para un estudio de mercado para alguna empresa extranjera, o a un grupo nacional monopólico que le interesa saber de que estamos enfermos los periodistas para ver si puede instalar alguna medicación. Contamos con estudiantes de periodismo que pueden ayudarnos, que tienen esa enorme capacidad para la investigación. Contamos con docentes del ámbito académico, que pueden compartir esta mirada con nosotros.

¿Cómo se articula la participación de los estudiantes y los docentes?

Es a partir de actividades puntuales. Porque podes reconocer zonas dentro del observatorio. Una es las actividades concretas que a manera de mesas debate, a manera de articular con otras organizaciones abordamos temas de interés que hacen a la temática de la comunicación y el conflicto social como lo hicimos en la oportunidad del golpe de estado contra Chávez en Venezuela, o cuando asesinan a los piqueteros Kosteki y Santillán. Es la acción concreta, y por eso nos interesa compartir con ustedes en Santa Fe la experiencia que ustedes están llevando adelante. Eso es articular y compartir. Contar una experiencia y poder compartirla, donde cada uno la adecua a su realidad y a sus posibilidades reales y pueden surgir proyectos comunes.

¿Cuál fue el primer paso?

Hacer un estudio sobre la propiedad y la concentración mediática en la Argentina. Tuvimos que conseguir los datos y sistematizarlos. Muchos datos ya los teníamos pero estaban dispersos El observatorio lo que hace es sistematizar. También el observatorio respalda y observa todo lo que en el campo de la comunicación se ha venido definiendo como comunicación contrahegemónica.

¿Hoy cuáles son los temas que están mirando?
Este sobre todo. Se ha dado un proceso en la región latinoamericana y en la Argentina, donde las fuerzas que han resistido al neoliberalismo, de cualquier matriz ideológica, han llegado a una gran coincidencia. Esa coincidencia esta vinculada esencialmente a la importancia que tiene la comunicación, a la dimensión estratégica que encarna hoy la comunicación, no solo por el desarrollo tecnológico sino por la importancia que tiene para la dominación, pero también sobre todo para la importancia que tiene para la resistencia a esa dominación. Así se empieza una segunda etapa donde comenzamos a mirar la potencialidad para el desarrollo y la construcción de propuestas concretas desde el campo de la comunicación, que juegan un papel claro en el campo de la cultura, la política, la economía.

¿Cómo se vincula con la génesis de las teorías de comunicación crítica en América Latina?

En particular en Latinoamérica los proyectos de comunicación a lo largo de las décadas del ’60, ’70 y mediados de los ’80 estuvo muy vinculada a los procesos de liberación que se habían dado en África, en Asia y en nuestro continente. Latinoamérica es la que produce teoría crítica sobre comunicación asociada a proyectos de liberación. Luego el proceso de despolitización que se da en el mundo a partir del paradigma neoliberal, la derrota ideológica de sectores populares hace que también el campo de la comunicación se vacíe de contenido. Pero a su vez la propia crisis política y social que vive Latinoamérica vuelve a colocar en el tapete un espacio de construcción que no es menor y sobre el cual también hay diferentes miradas desde el mismo campo. Están quienes creen que hay que participar en las instancias estatales, con reclamos de leyes de radiodifusión o políticas democráticas o buscar regulaciones, etc. Hay otros que no, que le dan a la comunicación propia el cariz y el estatus de una herramienta de construcción donde se discute poder y se acumula, donde se politiza más la cuestión de la comunicación. Se parte de un posicionamiento ideológico más claro y hay también iniciativas de comunicación propias que lejos de proponerse insertarse en proyectos colectivos, o vincularse a una organización, lo hacen desde improntas absolutamente individuales.

Por último ¿Cómo ven desde la propia experiencia la formación que están recibiendo los futuros profesionales en las facultades e institutos de comunicación?

Las carreras de periodismo no escapan a la crisis del presupuesto educativo. Y vemos que hay una demanda por mayor capacitación práctica. Esta necesidad específica de los estudiantes es aprovechada por las empresas periodísticas para que el objetivo pedagógico se convierta en algo que dé ganancias para las empresas. Donde la figura del pasante termina siendo mano de obra barata altamente precarizada. Es un problema estructural y que ha venido de la mano de los modelos económicos que se han ido aplicando en la Argentina. El neoliberalismo no se fue con Menem. Así se tergiversa el objetivo pedagógico. Es necesario explicar desde los derechos más esenciales de un trabajador hasta los más específicos de un periodista, volver a explicar cuales son los derechos de un estudiante y cual es el sentido de una pasantía. Afortunadamente muchos docentes tratan de buscar un compromiso mayor de los estudiantes con la realidad social y hacerlos entender que las pasantías tienen un objetivo pedagógico y no como mano de obra barata.

Alejandro Brittos.
Periodista.

Democratizar la información: democratizar el poder

Acción Educativa es una ONG que trabaja desde la Educación Popular aportando a la transformación social a partir del ejercicio de una ciudadanía activa.
El “Programa MERCOSUR Social y Solidario” promueve desde hace dos años esta iniciativa. El mismo es una plataforma de acción constituida por dieciocho organizaciones no gubernamentales de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, con el apoyo del Comité Católico Contra el Hambre y a Favor del Desarrollo (CCFD) y la financiación de la Unión Europea.
El Programa tiene como objetivos generar un MERCOSUR diferente, integrado por países que otorguen prioridad a los derechos y al bienestar de la gente, con dimensión social, superando las ideas economicistas.
Acción Educativa, desde su rol de ONG coordinadora en el ámbito nacional de dicho Programa, define como significativo impulsar proyectos tales como el del observatorio de medios entendiendo a la información como un derecho a ser visibilizado, reclamado y ejercido cotidianamente.
Desde este posicionamiento reafirma la necesidad de tener una circulación diferente de la información, a través de la reorganización de los circuitos comunicacionales, por considerar que actualmente está cercenada y manipulada por los intereses de quienes detentan el poder.
La importancia de este proyecto reside en constituirse en un aporte a una lectura crítica de los discursos con que se representa la realidad en los medios masivos.
Como organización de la sociedad civil apoya la iniciativa de crear un observatorio de medios que observe, analice y cuestione el estado del arte de la comunicación hoy, su circulación y la carga ideológica que subyace en ésta.
La construcción colectiva es un desafío que amerita el esfuerzo, ya que es la forma mediante la cual la sociedad puede aspirar a incidir en el cambio y la reformulación de experiencias fuertemente instaladas.
Construir nuevas relaciones sociales, nuevas maneras de reconocernos, es construir poder, un nuevo poder. Este poder es el que las numerosas organizaciones intentan construir muchas veces desde lo local, desde las reivindicaciones concretas de todos los días.
La democracia, desde esta perspectiva, no queda reducida al funcionamiento del sistema político representativo, al Estado y sus instituciones sino que se abre en los aportes que las organizaciones y movimientos efectúan a la construcción de una cultura política menos autoritaria.
Ante un escenario tan fragmentado es importante la implementación de este proyecto, posibilitador de espacios colectivos cada vez más inclusivos y capaces de reconstituir un tejido social justo y democrático.

Gabriela Bruno y Gustavo Rapela
Integrantes de Acción Educativa O.N.G.

Observatorio Local de Medios

El Inst. Sup. Nº 12 // Carrera de Comunicación Social
Una camino hacia la utopía.

Cuando en abril de 1982, se creó en la ciudad de Santa Fe la primera carrera de Periodismo -más tarde Comunicación Social- se planteó un verdadero desafío para los docentes y también para quienes se dispusieron a intentar la aventura de convertirse en profesionales de la comunicación.
Pasaron veinte años y la complejidad del estudio se renueva año a año, en un mundo donde hablar de comunicación es hablar de poder. Porque cuando se hace referencia a los medios de comunicación de masas se habla, además, de política, de la forma en que aquellos que manejan el poder van marcando la manera de estructurar la sociedad.
En la actualidad, como nunca en el pasado, son los medios de comunicación los que modelan conductas, modas, usos, costumbres. Van abriendo senderos estéticos que luego desembocarán en la ética.

Dos alternativas
Muchas veces en estos años se ha planteado en el ámbito académico el dilema acerca de los valores que deben regir la actividad profesional. En uno de los extremos estaba el periodista en busca de la verdad, y en el otro, los intereses económicos de la empresa periodística. La vigencia de la dicotomía planteada pone en evidencia -muy dramáticamente- la distancia que hay entre la realidad y la utopía.
Frente a esto, se pueden plantear dos alternativas. La primera es aceptar la realidad con el convencimiento de que es algo que no se puede modificar. Jefe de redacción, directores, propietarios de radios, diarios y televisión, que utilizan los medios de comunicación para su propio beneficio y a quienes no les importa el interés público, son la barrera que un comunicador encuentra ante el derecho y el deber de expresar la verdad.
La segunda implica pensar en que la realidad se puede cambiar, pero con la plena conciencia de que entre la utopía y su realidad hay una distancia grande, un camino difícil de intereses creados y de costumbres fuertemente impuestas en las que la asimetría de poder de los sectores intervinientes es enorme.
El lado poderoso es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados.
Y si bien la prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes, en esta etapa de mundialización, se asiste a un brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, entre el sector privado y los servicios públicos, entre el individuo y la sociedad, entre lo íntimo y lo colectivo, entre el egoísmo y la solidaridad.
En esta batalla, los Medios de comunicación masiva y el proceso de mundialización están íntimamente ligados, en una alianza tecnológica, ideológica y por lo tanto, profundamente social y política.
Sin embargo, la ruptura de este lazo de poder depende de comenzar a recorrer ese camino difícil que acerque a comunicadores primero, y a los ciudadanos después, a la realidad de la utopía.

Por un derecho fundamental
En ese sentido, es urgente desarrollar una reflexión sobre la manera en que los medios masivos comunican, a partir de que intereses y en la búsqueda de cuales objetivos, para que los ciudadanos pueden exigirles mayor ética, verdad, respeto, al tiempo que se constituyan en protagonistas de ese proceso de comunicación del que, en la actualidad, son parte como extremo “pasivo”, acrítico y consumidor.
Uno de los derechos más preciados del ser humano es el de comunicar libremente su pensamiento y sus opiniones. Ninguna ley debe restringir arbitrariamente la libertad de expresión o de prensa. Sin embrago las empresas mediáticas no pueden ejercerla sino bajo la condición de no infringir otros derechos tan sagrados como aquel que permite a todo ciudadano el acceso a una información no contaminada. Al abrigo de la libertad de expresión, las empresas mediáticas no deben poder difundir informaciones falsas u otras manipulaciones.
Preocupa, profundamente, esta tendencia a la concentración empresarial en el sector de la comunicación y la progresiva transformación de la información en mercancía porque implica una negación de estos derechos de la comunicación: amenaza el derecho a la información, la libertad de expresión, la diversidad y la pluralidad mediática.
La libertad de los medios de comunicación es sólo la extensión de la libertad de expresión, fundamento de la democracia. Como tal, no puede ser confiscada por un grupo de poderosos.
Desde este principio, el Observatorio Local de Medios constituye un contrapeso indispensable para el exceso de poder de los grandes grupos mediáticos, que imponen -en materia de información- una sola lógica -la del mercado- y una única ideología, el pensamiento neoliberal.
Además, propone prevenir a la sociedad contra las manipulaciones mediáticas que, como epidemias, se han multiplicado estos últimos años.
Esta dinámica actual de los medios de comunicación es una preocupación constante del ámbito educativo, y desde el rol de especialistas en medios y en mensajes existe la responsabilidad social particular de aportar un análisis crítico, junto a diferentes sectores, organizaciones sociales y ciudadanos en general.
Porque al ser la información un bien común, su calidad no podría estar garantizada por organizaciones integradas exclusivamente por periodistas, a menudo vinculados a los intereses corporativos. Se sabe que los códigos éticos de cada empresa mediática -cuando existen- se revelan a menudo poco aptos para sancionar y corregir los desvíos, los ocultamientos y las censuras. Es indispensable que la ética de la información sea definida y defendida por una instancia imparcial, creíble, independiente y objetiva.
Esta situación convoca a todos los sectores comprometidos con la democracia a estar vigilantes y a asumir la necesidad de democratizar la comunicación, reubicarla en su lugar derecho humano fundamental, que asiste a las mujeres y a los hombres desde que nacen, que debe ejercerse a lo largo de la vida con igualdad de oportunidades. Es por esta razón que la comunicación debe servir para la inclusión social, para que a través de ella se expresen los conflictos y diferencias en diálogo con todos los pareceres, en la búsqueda del bien común.
Es imprescindible que los ciudadanos y ciudadanas ejerzan su derecho de vigilar a los medios, y éstos asuman su obligación de responder positivamente a las críticas que se les hagan, puesto que, aún siendo privados, su esfera es pública.
Desde estos fundamentos y con la convicción de la utilidad de un Observatorio por vivenciar la necesidad de una reflexión sistemática en relación al tema, este Instituto, que en la ciudad se convirtió en formador público, laico y gratuito de comunicadores, y protección de la libertad de expresión, decide, conjuntamente con Acción Educativa y Focos (Foro de Comunicación Santafesino), trabajar para su instalación en Santa Fe.
Por ello el Observatorio de Local Medios, abierto a comunicadores, a medios de comunicación, a organizaciones de la sociedad civil, a personas y entidades con sensibilidad social, para unir esfuerzos y hacer de la comunicación y de las tecnologías de la información instrumentos útiles al desarrollo humano integral, democrático, sostenible y sustentable. En definitiva, empezar a recorrer el difícil e intrincado camino que acerque las utopías –históricas y contemporáneas- a su realidad.


Lic. María Fernanda Rovea
Docente de las cátedras “Introducción a los Medios” , “Teorías de la Comunicación” y “Periodismo Interpretativo y Crítico”



Lanzamiento del Observatorio de Medios

El Instituto Superior N° 12, el Foro de Comunicación Santafesino (Focos) y Acción Educativa —a través del Programa MERCOSUR Social y Solidario— lanzaron en la ciudad de Santa Fe, el pasado viernes 28 de octubre, el “Observatorio de Medios de Santa Fe''.
El mismo tuvo lugar en la sede educativa del Instituto Nº 12 y contó con la presencia de Victoria Richter y Liliana Belforte, especialistas del Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), quienes expusieron la experiencia que vienen realizando en aquella ciudad.
La implementación del Observatorio es producto de la voluntad política de las instituciones antes mencionadas de articular esfuerzos y aportes reales, con el objetivo de encarar un sistemático seguimiento del trabajo de los medios de comunicación en la región. Para llevar adelante este proyecto se firmó un convenio entre las citadas organizaciones, donde se plasmó este acuerdo y la intención de crear un espacio de análisis y reflexión crítica donde estudiantes, profesionales e integrantes de organizaciones sociales debatan sobre el modo en que los medios reflejan la realidad.
Ante el actual panorama de concentración de medios y su correlato en el poder político, reconocemos como necesaria la creación de un Observatorio de Medios en la ciudad de Santa Fe que busque develar los entramados que componen el campo de la comunicación.
Para esto consideramos ineludible reunir los esfuerzos colectivos de los sectores sociales, sindicales, políticos y culturales que vienen trabajando en este sentido.
El reconocimiento es asumir el poder ideológico y cultural que los medios han adquirido en la conformación de las sociedades contemporáneas globalizadas, desde la óptica del modelo Neo-Liberal. Con el poder que detentan no sólo construyen noticias, sino que también crean sentidos que se dinamizan y se transforman en función de las necesidades de una minoría de poder.
La valoración implica reconocer que el estado actual de situación no podrá ser modificado si no nos permitimos observar críticamente el rol que los medios de comunicación social desempeñan en las sociedades contemporáneas y así, contar con mejores experiencias y argumentos para actuar en consecuencia.
Este proyecto, inédito en nuestro ámbito, posibilitará la formación y la práctica de quienes se involucren en el mismo. Esta tarea significará una inserción plena en el campo de estudio y un fuerte compromiso de los interesados en llevarlo adelante.
El objetivo primordial es lograr instaurar una práctica cotidiana de cuestionamiento y revisión de los discursos naturalizados y arraigados fuertemente en el imaginario colectivo. La propuesta es que a partir del seguimiento de temas aparecidos en los medios, se puedan brindar categorías de comprensión que allanen la interpretación del discurso mediático, atravesado por factores económicos, políticos, sociales y culturales.
Entendemos que un trabajo desde la educación popular no puede desconocer la herramienta política que significan la COMUNICACIÓN y la ARTICULACIÓN. Una COMUNICACIÓN que desmitifique, que informe, que colabore en el cotidiano análisis crítico de la realidad y una ARTICULACIÓN que fortalezca la construcción de espacios colectivos cada vez más amplios y que contenga a todos los sectores interesados en aportar a un cambio social.
La construcción colectiva es un desafío que amerita el esfuerzo, porque es la forma mediante la cual la sociedad puede aspirar a incidir en el cambio y la reformulación de experiencias fuertemente instaladas.
Construir nuevas relaciones sociales, nuevas maneras de reconocernos, es construir poder, un nuevo poder. Este poder es el que las numerosas organizaciones intentan construir muchas veces desde lo local, desde las reivindicaciones concretas de todos los días.
La democracia, desde esta perspectiva, no queda reducida al funcionamiento del sistema político representativo, al Estado y sus instituciones, sino que se abre en los aportes que las organizaciones, movimientos y sujetos efectúan a la construcción de una cultura política diferente.

jueves, marzo 30, 2006

Animarse a crear un observatorio local de medios

Una propuesta y un desafío.

El Neoliberalismo ha hecho de la información, una mercancía, y de los medios, un negocio regido por grandes grupos económicos que se mueven con parámetros atados a las leyes del mercado. En el medio estamos los trabajadores de la comunicación, sobre los cuales descansa un protagónico rol social. Que hacer, entonces, en este escenario. Aquí, una propuesta de FOCOS para organizaciones de la comunidad, estudiantes y comunicadores concientes de su responsabilidad.

Animarse a crear un Observatorio Local de Medios es, en esta ciudad una decisión política que necesariamente implica un reconocimiento y una valoración.
El reconocimiento es asumir el poder ideológico y cultural que los medios han adquirido en la conformación de las sociedades contemporáneas globalizadas, desde la óptica del modelo Neo-Liberal. La valoración implica reconocer que el estado actual de situación no podrá ser modificado si no nos permitimos observar críticamente el rol que los medios de comunicación social desempeñan en las sociedades contemporáneas; y así contar con mejores experiencias y argumentos para actuar en consecuencia.
El reconocimiento lleva implícito posibles conflictos con los tradicionales o grandes medios. La valoración, la necesidad de afrontarlos. Y esto, claro está, no puede ser clasificado de otro modo que no sea una decisión política. Decisión que nos expone no solo a los conflictos posibles y predecibles con los propietarios de esos medios, sino también, ( Y esto si sería tan deseable como trascendente), nos expone ante la mirada crítica de nuestros propios ejercicios cotidianos del oficio.
Asumir esta necesidad es plantear una ruptura respecto del pasado, en el análisis del ejercicio de este oficio de comunicar hechos, ideas y sensaciones; y, a la vez, significa asumir la apertura de aceptar que se problematice nuestro trabajo, así como también se lo cuestione. Y además nos coloca ante el desafío de crear espacio.
Las experiencias conocidas no son muchas y las razones de que esto sea así responde a un sinnúmero de causas, entre las cuales se puede enumerar como centrales (o, al menos, innegables):
*El poder económico de los medios de comunicación social.
*La mediocridad y comodidad de quienes ejercemos este oficio que, con frecuencia abrumadora, preferimos el recurso del “todo vale” antes que una crítica constructiva o una alternativa superadora, con el esquivo argumento de que no es “políticamente correcto” ni deseable “meterse” con el trabajo del otro, o a la repetida falacia de que no se debe hacer “periodismo de periodismo”.
*El adormecimiento intelectual de aquellos que deberían haber reconocido el estado actual de situación en el que la “noticia” se ha transformado en una “mercancía”, y en que los “receptores” (por llamarlo de un modo reconocible) también se han convertido en una mercancía porque nadie discute hoy que lo que “se vende” son “consumidores” (o puntos de rating o como se quiera llamarlo en cada caso) a los anunciantes.
Hablo tanto de los trabajadores de los medios como de docentes y estudiantes que deberían preguntarse por las posibilidades concretas y reales en las que debemos ejercer nuestro oficio; así como también, en menor medida, de los integrantes de estas sociedades que hace de los individuos, “victimas” cooptadas por esta lógica de mercantilización de la información.
El Derecho a la información.

El derecho a estar informado no es solo un derecho garantizado por la Constitución Nacional- y no es aquí nuestra intención ponernos en legalistas-, sino una herramienta esencial a la hora de ejercer nuestro derechos y obligaciones ciudadanas.
Es por eso que se hace necesario revisar-en este contexto- si hoy tenemos verdaderamente la posibilidad de estar informados y de que medios disponemos para lograrlo.
Por lo tanto, intentar dilucidar los intereses de los propietarios de los medios de comunicación es un esfuerzo; como necesario es indagar, reconocer y cuestionar las estructuras léxicas y textuales que utilizamos para comunicar hechos noticiosos. Porque, si bien no podemos ignorar la desigual relación de fuerzas que se establecen en toda relación de dependencia, así como tampoco las limitaciones que todo laburante tiene de influir en la agenda del medio para el cual trabaja, ni la relación que los propietarios de los medios decidan mantener con los diversos grupos de poder, si contamos con una herramienta poderosa: La Palabra.
Y esforzarnos por transmitir y comunicar cada día mejor, (y no solo hechos noticiosos) si es una responsabilidad que no podemos rechazar, a no ser que hagamos de la hipocresía nuestra practica cotidiana.

Claudio Chiuchquievich.